Decreto
I
La consideración siempre será más importante que la corrección
Proteger la dignidad de quien se equivoca
En Aldea creemos que la verdadera elegancia no se nota en la rapidez con la que señalas un error, sino en el cuidado con el que proteges la dignidad de quien se equivoca.
Corregir a alguien puede ser un acto de amor o de humillación. La diferencia está en la consideración que pones en el tono, el lugar y el momento que eliges. No se trata de callar lo que es importante, sino de recordar que delante del error siempre hay una persona.
En los espacios de Aldea preferimos la pregunta a la acusación, la invitación a hacerlo mejor antes que la vergüenza pública. Corregir con respeto es recordar que todos hemos estado alguna vez del otro lado del tropiezo.
Consejo del Decreto I
Antes de corregir a alguien, pregúntate: “¿Esta corrección lo hará sentirse respetado o avergonzado?”. Si la respuesta es vergüenza, aún no has encontrado la forma correcta de decirlo.